Ahora: ¿Presión Económica?

por Eduardo Hadjes Navarro


Querido amigo de ANAJNU, creo que gracias a los comentarios que regularmente lees en este portal, ya me estarás conociendo. Cada palabra, cada idea, cada página, van reflejando lo que soy y lo que pienso. Al hablarte por intermedio de mis dedos, es mi corazón, mis sentimientos y mi conciencia la que se está dirigiendo a ti. No se si el resultado sea bueno, positivo y trascendente o un mero esfuerzo, carente de sentido final.

A juzgar por lo que me manifiestan mis lectores, creo que parte de lo primero, se va plasmando, semana a semana, lo que hace que tú, en este momento, me estés leyendo.
Seguramente, a estas alturas, ya te estarás preguntando a que viene esta introducción y que puede tener en común con el título del presente comentario. Te explico, o mejor aun, me explico, ya que a decir verdad, aun no se que saldrá de este intento y, hasta ahora, cada vez que escribo algo, ya sea para ANAJNU, Jadashot o para lo que sea, no me desdigo de lo ya escrito y dejo vagar mi mente en pos del mensaje que pretendo enviar.

Vamos al grano. Como resulta lógico, al menos para mí, cuando voy a escribir uno de mis habituales comentarios, lo primero que debo hacer es documentarme. Luego de ello, estructuro tan sólo el título y sus primeras líneas, para luego iniciar mi incursión, al interior de mi mismo, para ir plasmando lo que en definitiva, llega a ti. Sólo anoto nombres, fechas y números y el resto, es espontáneo, mezcla de lo reciente con lo pasado, archivado en el cajón mental de los recuerdos, siempre dispuesto a salir a flote, en el momento que se necesita. Doy gracias a Dios que mi computador interno e inconsciente, funciona mejor que mi equipo AOC ya que no espera mis órdenes, para cumplir su objetivo.

Hoy, leí dos informaciones relacionadas con la presión que está ejerciendo el gobierno de los Estados Unidos, para que Israel, acepte lo que para ellos es la solución al problema israeli-palestino. Pensé un rato, estructuré mi intervención y…manos a la obra. Escribo el título, cuando debo interrumpirme para ir a almorzar.

Estoy justo iniciando el postre, cuando comienza el programa de la Doctora Ana María Polo, tan conocido y popular, llamado “Caso Cerrado”. Mi señora lo ve y lo escucha cada vez que puede, vale decir, casi todos los días. Para mi es uno de los mejores momentos del día, ya que en mi carácter de feliz jubilado, lo aprovecho para dormir plácidamente, al son de los gritos de la Doctora Polo. Hoy, esta rutina varió absolutamente. El demandante era un joven soldado, recién llegado de Irak, el cual solicitaba a su joven esposa, que le diera la mitad de los ahorros comunes, para volver a ese país, a ayudar a cinco millones de huérfanos, fruto de esta cruel e insensata pelea.

No voy a contar la trama misma de lo ahí analizado. Lo importante es el drama que conlleva cada guerra. Lo que sucede con los soldados, con los que atacan a dichos soldados, sean a su vez, otros soldados, guerrilleros o terroristas. Antiguamente, cuando hablábamos de guerra, automáticamente, pensábamos en soldados de dos o más países, enfrentándose, al mando de oficiales que daban órdenes, a la vez resultado de instrucciones superiores. En la actualidad y fruto del increíble auge del terrorismo, vemos que este cuadro ha cambiado radicalmente.

Israel, es fiel testigo de dicho cambio. Por desgracia, permanentemente, desde los años 60 en adelante, sus soldados han debido hacer frente a guerrilleros, o terroristas, como quieras llamarlos, que mientras están vivos, podemos tener la duda de cómo denominarlos. Incluso habrá quienes los califiquen de luchadores en busca de su independencia. Sin entrar a ver si esto es verdadero o falso, los que así piensen, es indiscutible que tienen derecho a hacerlo. Lo importante es que, al momento mismo en que alguno de ellos resulta muerto, producto de la lucha acontecida previamente, automáticamente, se transformarán en un “civil, inocente, desarmado y por lo tanto, indefenso” Para este cambio, tan sólo será necesario que sus compañeros, antes de retirarse del lugar, se lleven las armas con las cuales estaba peleando.

Sin darme cuenta, ya me estoy desviando de lo visto en la Doctora Polo. Dijimos que, generalmente, nuestra atención se centra en el soldado, ¿Qué pasa con la familia de dicho soldado? ¿Quién se preocupa de la esposa, la madre, los hijos del que muere o del que sobrevive?

En esta ocasión, me tocó ver, sufrir y captar los problemas que enfrenta ese soldado que, tanto por defenderse como por cumplir órdenes, debe disparar, tratando, como es lógico, causar el máximo posible de muertes del otro lado.

Mientras escuchaba esto y veía el sufrimiento de quien, al haber cumplido con su deber, causó la muerte a nueve personas, incluido cinco niños, recordé lo que me aconteció cuando vivía en el campo, a la edad de 21 años y fui atacado por 3 vecinos que estaban robando y, al ser sorprendidos por mí, no dudaron en tratar de atacarme con sus respectivas hachas. Todo esto está narrado en mi libro “A mi me sucedió” y fue, justamente su recuerdo, lo que me llevó a escribir dicho libro. Las dudas morales a las que me ví enfrentado en dicho acontecimiento, aun me estremecen cada vez que lo recuerdo. Como se debe multiplicar este conflicto de conciencia, al interior de cada soldado, cuando resultado de su actuar, se debió eliminar a seres vivos, iguales a ellos mismos.

Muchas dudas, preguntas, interrogantes y más dudas, surgen de este relato (del soldado). En primer lugar, ¿de quién es la culpa de la muerte de esos niños, del soldado que disparó desde su tanque o de los irresponsables que llevaron a dicho enfrentamiento a estos niños? No me cabe dudad alguna que nuevamente, debemos volver a la experiencia de los soldados israelíes, los cuales se deben enfrentar a dicho problema, cuando se encuentran con los terroristas palestinos que han sido los principales promotores del escudo humano conformado por infantes y mujeres, de preferencia embarazadas. La diferencia que se da entre ambos casos, es que cuando son soldados americanos o de las naciones unidas los que disparan, son accidentes propios de la guerra y, cuando son los soldados israelíes, automáticamente se transforma en un acto deleznable, que viola los más elementales derechos humanos y, de inmediato, los organismos internacionales, defensores de los Derechos Humanos, deben condenarlo con el máximo de rigor.

Otra gran pregunta es ¿qué o quien se preocupa de las víctimas y/o sus familiares? Si es un enfrentamiento entre dos bandos distintos, ya sean soldados, patriotas, o terroristas, el problema humano, siempre será el mismo. La viuda, los huérfanos o los que pierden a un hijo, ¿encontrarán algún consuelo en base a la justificación misma del enfrentamiento? ¿aminorará el dolor de quien jamás volverá a estrechar entre sus brazos al ser querido que ya no está?

Preguntas difíciles de responder. Aquí me asalta una duda ¿Cómo puede ser posible que el fanatismo, en algunas oportunidades, pueda llevar a trastrocar tan radicalmente los sentimientos y los valores morales? Aquí me estoy refiriendo a esos padres musulmanes que se sienten orgullosos que sus hijos se preparen para transformarse en bombas humanas, a objeto de inmolarse pretendiendo llevarse en su viaje sin retorno, al máximo posible de enemigos. Esto, originalmente, lo vimos en la Segunda Guerra Mundial y era llevado a cabo por japoneses, dotados del mismo fanatismo, los cuales se preparaban para dirigir sus aviones sobre blancos enemigos, logrando con su acción, en muchas oportunidades, causar el hundimiento de los barcos aliados, con todo lo que ello implicaba.

Al finalizar esa cruel guerra, el mundo olvidó dicha práctica hasta que Arafat creó en Gaza las verdaderas fábricas de mártires, actuando bárbaramente en contra de civiles israelíes. Cada vez que Israel protestó, no fue escuchado, siendo dichos desquiciados calificados de “jóvenes desesperados”. Nunca se culpó a los instigadores de tan monstruoso actuar. Aparentemente, mientras las víctimas fueran sólo judíos, no había por que preocuparse. Finalmente, cuando esta macabra costumbre se extendió a toda la región y a todos los conflictos, ya era demasiado tarde y, en la actualidad, hemos llegado a un punto de degradación y deformación tan atroz, que si vemos una noticia de 20, 50 o 100 muertos en un atentado en Irak, Afganistán o Pakistán, pasa a ser un acto tan rutinario, que lo más probable será que ni siquiera leamos tal noticia.

Si nos preocuparemos y comentaremos latamente, durante mucho tiempo, si el atentado sucede en Estados Unidos o Europa. Ahí, nuevamente veremos que los autores serán calificados en forma unánime de terroristas y todas las medidas que se tomen para tratar de impedir su repetición, serán plenamente justificadas.

¿Será que para el mundo de hoy, la vida de un americano o europeo tiene más valor que la de un musulmán iraquí, afgano o paquistaní. Ahora, si la víctima es un palestino y el o los autores son israelíes, unánimemente, todos estarán de acuerdo que nos enfrentamos a un crimen horrendo, que no se puede callar. Esto debe quedar claro ya que si el mismo palestino falleció a manos de un correligionario, ni siquiera será publicado. Igual sucederá si la o las víctimas, son judías.

Definitivamente, la presión económica de Estados Unidos a Israel, quedó para otra oportunidad.

Espero que lo hoy expuesto, te lleve a las mismas infinitas preguntas y dudas que me acosan desesperadamente y, luego de escribir este comentario, en vez de disminuir, se me acrecientan hasta el infinito.

 

volver a página principal