Pueden respirar tranquilos

por Tiberio Yosif Klein

Durante la mayor parte de la historia, los gobernantes eran elegidos por los poderosos entre los suyos, o se tomaban el poder por la fuerza de las armas o del dinero. Recién a partir de 1789 comenzó a estar el poder político a cargo de presidentes o cámaras de personas que representaban supuestamente a grupos dirigentes, en lo que con el tiempo derivó en parlamentos con diputados y senadores.

Durante los siglos XIX y XX fueron evolucionando distintos sistemas electorales. En un comienzo estos estaban limitados a una elite, lo que fue evolucionando hasta ser perfeccionado a una persona, un voto, lo que aún no es aplicado en todos los países.

Primero se implantó el sufragio sólo para hombres que cumplieran requisitos de niveles de educación, clase social y renta. Después esto se extendió a todos los hombres que supieran leer y escribir. Mucho tiempo pasó hasta que las mujeres pudieron tener derecho a voto, y más agua pasó bajo los puentes hasta que se permitió votar a todas las personas sin discriminar su nivel educacional, incluyendo a los analfabetos. Y finalmente se ha llegado a que todas las personas puedan votar sin discriminación racial, pertenencia étnica u origen nacional, esto último aún en discusión en muchos lugares. De hecho, en Chile, insólitamente, aún no se permite votar a connacionales que viven en el extranjero.

Pero no en todos los países se ha llegado al perfeccionamiento y libertad de votación que se usa en la mayoría de los más desarrollados económicamente. En dictaduras, ya sean reconocidas o solapadas, las votaciones son completamente manejadas, muchas veces tan burdamente que sólo participa un partido y un candidato, el dictador de turno.

En América Latina, aparte de otros muchos lugares del mundo, a lo largo de la historia republicana, muchos gobernantes de turno han buscado perpetuarse en el poder intentando concentrar el poder político. Esto les permite ejercer este poder sin controles ni límites, lo que les deja el campo libre para ejercer el abuso de autoridad, administrar el erario nacional a espaldas de la población y en secreto, y actuar en su propio provecho. Para lograrlo, estos gobernantes compran con dinero la fidelidad política y de voluntades, debilitan la capacidad de fiscalización de otros organismos del Estado, infiltrándolos para poner en esos puestos a sus propios partidarios, y se valen del terror de Estado para silenciar a la oposición política y a los críticos de sus regímenes, mediante la creación de grupos de militantes afines armados, al mismo tiempo que se ganan la voluntad de los militares destituyendo a los que no aceptan la autoridad del gobernante.

El querer perpetuarse en el poder se debe a la ambición y al mesianismo, por el que hace creer a los gobernados que es el único capaz de llevar hacia donde dice que quiere hacerlo a él mismo, el gobernante; y muchas veces termina por creerse lo que pregona.

La ambición es el ardiente deseo de poseer poder, honores, fama y sobre todo riquezas; el mesianismo es sentirse que es el libertador de la patria, el caudillo, el salvador, el héroe máximo, el líder.

Para perpetuarse en el poder se han usado varios métodos, a ser la reelección, el autogolpe de Estado, la prolongación del período de sus funciones y su sucesión mediante parientes que dependerán del gobernante, o mejor dicho, del dictador.

La reelección presidencial ha sido el sistema al que se ha recurrido más, ya que a través de elecciones, generalmente arregladas, el gobernante sigue con el poder político incluso por un período indefinido. La prolongación del período de funciones, por otra parte, evitará someterse a un proceso electoral. Y el autogolpe le da de inmediato el control del poder sin necesidad de disimulos. En cuanto a la sucesión de parientes, este nepotismo es la manera de mantener el poder a través de hijos o cónyuges; continuará ejerciéndolo por medio de sus parientes, o será el grupo familiar el que seguirá gobernando.

Se dice que la diferencia entre un político y un estadista es que el primero se preocupa de la próxima elección, y en cambio el segundo, de la próxima generación.

Parodiando al “Julio César” de Shakespeare, podríamos decir que “Hay quienes dicen que Hugo Chávez cumple todas las características de un dictador ya mencionadas; pero no lo creo, todos saben que Chávez es un demócrata”. “Algunos dicen que Chávez no tiene la menor intención de dejar nunca el poder; pero no es cierto, todos saben que él es presidente porque ha ganado elecciones, y es demócrata”. “No pocos afirman que Chávez y su familia se han enriquecido enormemente mientras ha estado en el poder; pero no lo creo, esos son comentarios insidiosos solamente”. “Muchos dicen que las elecciones que ganó Chávez fueron arregladas, pero no lo creo, todos saben que él combate la corrupción”.

Y seguramente esto último podría ser cierto, ya que “todos saben que Venezuela no es un país corrupto”. Que a pesar de que con el voto electrónico nadie tuvo en sus manos un comprobante que asegurara lo que votó, que a pesar de que el Comité Electoral está conformado por cinco personas, cuatro de ellas declaradas “chavistas” y sólo una independiente, que a pesar de que la Corte Suprema del país ha sido formada por jueces afines al presidente, que a pesar de que en las Fuerzas Armadas del país los generales que se oponían al socialismo del presidentes han sido removidos, en resumen, a pesar de todo lo anterior, es seguro de que ese tipo de comentarios son corrosivos y mentirosos. ¿O no? ¿Es muy ingenuo lo que estamos diciendo?

De manera que para la suerte de Chávez, ahora tiene muchos años por delante para ejecutar sus planes. Su antisemitismo hidrofóbico puede seguir desarrollándose, haciendo las declaraciones que se le antojen contra los judíos, tal como lo ha hecho en los años en que ha estado en el poder. Seguirá culpando a los judíos y a Israel de todo lo que su lectura de libros antisemitas le han dado como argumentos. Seguirá apoyando a los países árabes que forman bloque con sus aspiraciones de eternizarse en el poder, haciendo las declaraciones antisemitas que agradan a sus socios. Continuará financiando o ayudando a los grupos antisemitas que puedan dañar a la comunidad judía de Venezuela o de otros lugares. Seguramente tendrá la satisfacción de que la comunidad judía de Venezuela, que estuvo presente incluso en las luchas independentistas del país, continuará reduciéndose frente a los ataques antisemitas propiciados por Chávez desde su gobierno.

Así que sus amigos pueden estar tranquilos:

Hezbolá ahora puede seguir con sus campos de entrenamiento en la Isla Margarita de Venezuela.

Irán puede seguir adelante con su proyecto de obtener uranio desde América Latina, y de seguir convirtiendo al Islam Shiita a todos los latinoamericanos que estén dispuestos a recibir un estipendio por hacerlo, y a penetrar políticamente, a través de Chávez, el continente.

Cuba puede respirar tranquila, seguirá teniendo el financiamiento que Chávez le da, lo que le permite continuar manteniendo la dictadura de Fidel Castro (ya que su hermano es sólo el fantoche que puso porque su salud no está bien); esto es un alivio, pues desde que Rusia dejó el comunismo estuvo a punto de quebrar económicamente.

Nicaragua puede estar tranquila, a pesar de que estuvo al borde del infarto, al imaginar su existencia sin la ayuda de Chávez; ya que de no recibir su ayuda, el gobierno de ese país sería rebalsado por otro, democrático.

Bolivia puede estar calmada, Chávez continuará ayudando a Evo, a condición de que este salte cada vez que le chasque los dedos, y vote a favor de lo que le diga su benefactor; pues gracias al dinero de Chávez es que ha podido sobrevivir políticamente en un país acostumbrado a fagocitarse a sus presidentes.

Ecuador puede sonreír, al menos lo hará Correa, pues su mentor ha sobrevivido a la oposición que casi ganó; y ahora tiene las espaldas cubiertas por Chávez, que se las sobará cada vez que necesite que forme parte de su bloque de países del socialismo trasnochado modelo siglo XXI.

Argentina, o más bien la desfalleciente Cristina Fernández, puede respirar tranquila: su alianza estratégica, firmada en Brasilia con Chávez, con la que la petroleras PDVSA de Venezuela y YPF de Argentina cooperarán a todo nivel, lo que hizo que Chávez le dijera a su colega que gracias a la expropiación de YPF a la española REPSOL, Argentina ha recuperado su soberanía en materia petrolera. Fernández tampoco puede dejar de agradecer la ayuda que le ha dado Chávez desde hace mucho, con dinero contante y sonante, enviado mediante mandaderos vía aérea directamente a ella. Esto es lo que la hizo felicitar a Chávez con euforia y emoción “de parte del pueblo argentino”, diciéndole que “tu victoria es la nuestra, la de América del Sur y el Caribe, fuerza Hugo, fuerza Venezuela, fuerza Mercosur y Unasur”. Pues si Chávez no hubiese ganado, a Argentina, o más bien a Fernández, dejarían de llegarle las ayudas políticas y monetarias que han ayudado a que se pueda equilibrar en el filo de la navaja, no se sabe hasta cuando.

Es cierto, muchos pueden respirar tranquilos con la eternización de su benefactor, ya que su desaparición habría significado una incógnita ante el propio futuro político. De todos modos hay porqué estar nerviosos: el cáncer de Chávez, cuya gravedad es tan secreta que nadie aventura hipótesis al respecto; y que por lo demás parece ser penada cualquier opinión. Por otra parte, no se puede olvidar, aunque el mismo Chávez no lo piense siguiera, que, como cualquier persona, las circunstancias no son eternas, ni tampoco la paciencia de los gobernados. Como dice el dicho, “no hay mal que dure mil años, ni tonto que lo aguante”.

 

 

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