Cuando la paz se vuelve un significante vacío

Usos e interpretaciones de un ícono “políticamente correcto”

por Gustavo Efron

El director de Nueva Sión reflexiona en torno del modo en que, en el ámbito israelí y judío, la idea de la paz fue perdiendo la densidad que debiera darle sentido político al concepto. Tironeada desde la izquierda, que la concibe en planteos más concretos; hasta la derecha, cuyo accionar va en contra de su afirmación de buscarla; la paz termina convertida en un cliché al que nadie se opone, y todos comparten. Diluida, en última instancia, en apenas un cúmulo de buenas intenciones.

Hay íconos que se vuelven emblemáticos, que comienzan a circular, y que el imaginario colectivo se los apropia hasta hacerlos comunes a todos. De pronto, se vuelven significantes cuyo nivel de aceptación como políticamente correctos los convierte simplemente en una caja vacía. Ocurrió con la imagen del Che Guevara, reproducida hasta el hartazgo en múltiples formas, lugares y con distintas funcionalidades. Así, su imagen dejó de ser políticamente potente, para convertirse en un fetiche del mercado, que simboliza a lo sumo cierta rebeldía, pero dejó en el camino todo rasgo de su original significación revolucionaria.

Me atrevo a decir que lo propio ha ocurrido con otro significante que ha sido vaciado de todo contenido, en el ámbito israelí y judío: “la paz”. ¿Quién no está a favor de la paz? ¿Quién puede escapar a este lugar común en el discurso bien pensante? Y sin embargo, hoy por hoy decir que uno está a favor de la paz se ha vuelto algo tan general e inespecífico que carece de sentido.

Me hace acordar a la idea de lo “progresista”: la derecha liberal se considera a sí misma progresista, también buena parte de la izquierda. Progresista es quien está a favor del progreso. Es decir, de mejorar, de ir hacia adelante. Pero, ¿de qué progreso? ¿Hacia qué sociedad? Profundizar la libertad de mercado puede bien constituirse en una idea de progreso, para un liberal…

¿Qué es hoy estar a favor de la paz? El gobierno de Bibi Netanyahu afirma trabajar por la paz, aun cuando en su accionar hace todos los esfuerzos por alejarla del horizonte de posibilidades. Distintos sectores de derecha religiosos también se sostienen en el mismo lugar común, un plafón tan abarcativo que puede albergar a todo quien manifieste su voluntad de sumarse. Así, la propuesta de la izquierda, que piensa la paz con planteos más concretos, desde lo político y lo ideológico, queda diluida en un mar donde lo que prevalecen son las supuestas buenas intenciones manifiestas.

En nuestro país, la comunidad judía se manifiesta por la paz. Todos los sectores, “todos juntos”. Izquierda, derecha, centro, clubes, movimientos juveniles, partidos políticos, instituciones centrales, gente de “la calle judía” Y entonces, si todos están de acuerdo, ¿cuál es el sentido político de la paz? ¿Cómo distinguir las ideologías que han planteado aquellos valores específicos que tienden a defenderla? Si todos los judíos estamos de acuerdo, entonces, ¿el problema son “los otros”? ¿Los árabes? ¿Los difamadores? ¿Los antisemitas? ¿A eso se reduciría el problema?

El pueblo judío siempre se caracterizó por hurgar en la pregunta, y desde ese rol siempre se examinó a sí mismo. Es buen momento para interrogarnos, entonces, quién está a favor de la paz en nuestro pueblo, y quién no. Pero en este caso, habría que definir qué es estar a favor de la paz, qué principios éticos se ponen en juego, qué renunciamientos conlleva, qué reconocimientos, y qué lugar se asigna al otro, al que está destinado a hacer la paz conmigo. Para no llamar paz, en el sentido pleno del término, humanista y democrático, a la “pax romana” que busca imponer un determinado estado de cosas, esa paz de los vencedores que subyace en los escondrijos de la derecha. Este acto de honestidad intelectual podría echar un poco de luz sobre los claroscuros propios de un ícono, un cliché, esa idea de “paz” inespecífica y políticamente correcta, que se convirtió en un lugar común que diluye todo rasgo ideológico y político en una declaración de buenas intenciones.
 

 

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