Cómo explicarles lo que ocurre en mi país

por Tomás Hirsch

Estoy sentado en uno de los mejores cafés de Tel Aviv. Lo confieso, uno de mis pocos gustos burgueses es buscar -y en general encontrar- los buenos cafés en cada ciudad a la que me llevan mis actividades. Pero lo particular de éste es que desde su terraza, al lado del Mediterráneo, observo frente a mí dos inmensas altísimas chimeneas de la gigantesca central termoeléctrica que se yergue en el lado norte de esta moderna y cosmopolita ciudad. La central está trabajando a plena capacidad y de sus chimeneas no sale una pizca de humo. Nada, absolutamente nada de humo.

Cuando pregunto a mis amigos israelíes si de verdad está funcionando, me miran con extrañeza sin entender mi consulta. Cómo explicarles que en mi retina está Tocopilla, toda cubierta de un denso carboncillo que además de ennegrecer casas, niños y árboles, hace el aire irrespirable destruyendo los pulmones de esas mismas personas. Cómo explicarles que estoy pensando en la escuela de Puchuncaví, cerrada por la contaminación de la central termoeléctrica que está matando de a poco a los pobres estudiantes que tuvieron la mala ocurrencia de vivir, por supuesto desde mucho antes, dondeCodelco y otros poderosos decidieron construir sus inmundas industrias. No me creerían que en mi país se cierran las escuelas y no las fuentes de contaminación.

Chile tiene ya más de 50 termoeléctricas, la mayoría a carbón, que ennegrecen nuestro futuro. Israel con un número similar no ensucia su aire, porque funcionan con gas natural y tienen poderosos filtros.

Me quedo en silencio y pasa lo que tenía que pasar: han visto en la televisión imágenes de unas enormes manifestaciones de los jóvenes chilenos protestando por la aprobación de una central hidroeléctrica en la Patagonia. Quieren saber si la construirán en esa Patagonia que ellos recorrieron, la del río Baker, el más caudaloso de Chile. Sí, les digo en voz bajita, es ahí. ¿Y porque la van a construir y por qué justamente allá? Porque dicen que falta energía eléctrica y que el único modo de obtenerla es destruyendo esos parajes únicos en el mundo.

Me agota un poco tener que explicarles que en realidad se trata de un proyecto absolutamente innecesario, que obedece únicamente al afán de lucro totalmente irracional de un par de grupos económicos sin fronteras. Tendría que explicarles que el proyecto fue aprobado a pesar del rechazo inmensamente mayoritario de los chilenos. Que su aprobación estuvo plagada de una larga lista de irregularidades, incluidas las presiones del gobierno a los funcionarios que votaron su construcción. Cómo explicarles que se aprueba la construcción de las 5 centrales y sin embargo no se ha aprobado aun la línea de transmisión sin la cual las centrales no tienen ningún sentido. Tendría que decirles que se está preparando el chantaje de exigir posteriormente la aprobación de esas líneas “porque ya tenemos aprobadas las centrales”. No me creerían cuando les diga que ésta será la línea de transmisión más larga del mundo pero será de corriente continua, es decir absolutamente cerrada, sin que ninguna otra empresa pueda subir a ella su propia producción eléctrica para aportarla a las necesidades del país. Tendría que explicarles que sobre todo esto cierra las puertas a cualquier iniciativa de energías alternativas, tan apoyadas en el resto del mundo.

Tendría que decirles que nos mienten cada día cuando dicen que Hidroaysén es para dar electricidad a Santiago cuando en realidad lo que se quiere es asegurar energía para las gigantescas multinacionales que se están llevando todo nuestro cobre.

En definitiva tendría que explicarles que esto sucede en mi país porque quien decide es el gran capital, que ahora además tiene la ventaja de haber instalado en el gobierno a sus servidores.

Y si me dijeran que por suerte hay grandes movilizaciones pues así se detendrá tamaña monstruosidad, tendría que explicarles que si bien los decenas de miles de chilenos que han salido a las calles son valientes y decididos, tendrán que dar una larga pelea porque estos son los negocios de los amigos del Presidente.

Anochece bellamente en Tel Aviv. Anochece y pienso en las ridículas explicaciones que da en mi país un pequeño funcionario, experto en Metros y canales de televisión y ahora servidor de los servidores del nuevo imperialismo financiero. Pienso en cómo hará para explicarles a sus hijos sus mentiras, aprendidas para engrosar un poco más sus ya abultadas cuentas bancarias. Pienso en la destreza del Presidente para mantener siempre la sonrisa mientras destruye nuestro país.

Pero sobre todo pienso en esos miles de jóvenes que en Santiago y regiones, al igual que en Tahrir, igual que en Sol, en Barcelona y Atenas, salen en forma no violenta a las calles y a las plazas para comenzar a construir un mundo nuevo.

La esperanza de esos jóvenes es mi esperanza y me alegra el corazón en este lejano pero cercano café.


 

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