Netanyahu: tres años de gobierno

por Esther Shabot Askenazi

A lo largo de los últimos 20 años ningún gobierno en Israel ha durado lo que el actual. Por diversos motivos, las coaliciones gobernantes caían antes de tiempo y había que convocar a nuevas elecciones. Así que el martes 3 de abril, cuando el gobierno encabezado por Benjamín Netanyahu cumplió tres años de funcionar, el premier aprovechó la fecha para transmitir un mensaje a la sociedad a fin de realizar un recuento de sus logros con vistas a conservar el poder para un periodo posterior. La estabilidad política interna y la solidez económica del país fueron algunos de los temas más reiterados a lo largo de la hora de duración del informe. Y es que, en efecto, la coalición de fuerzas nacionalistas y religiosas radicales de derecha sobre las que se basa su gobierno ha conseguido neutralizar con éxito los desacuerdos internos que podían haber obligado a un adelantamiento de elecciones.

Tres elementos fundamentales contribuyeron a tal estabilidad política: el primero, el crecimiento de la economía, gracias al dinamismo productivo nacional y al buen blindaje financiero y bancario del país, que le permitieron salir bastante bien librado de la crisis económica mundial de 2008-2009. El segundo, la ausencia durante el trienio en cuestión de situaciones de guerra abierta o de terrorismo incontrolado que alteraran la vida ciudadana a la manera en que sucedió tanto durante la intifada de 2000 a 2004, como a lo largo de la guerra contra Hezbolá en el verano de 2006, o durante la confrontación bélica con el Hamas, ocurrida a principios de 2009. A pesar de las tensiones que esporádicamente sacuden la zona sur del país debido al lanzamiento de cohetes desde Gaza y las consecuentes represalias israelíes, se ha tratado de situaciones de duración y alcance limitados. El tercer elemento ha sido, paradójicamente, la parálisis del proceso de paz con los palestinos, ya que en la medida en que ha habido inmovilidad al respecto, no se han producido dentro de la coalición gobernante las tensiones y rupturas propias de la toma de decisiones trascendentes que fueron comunes en cadencias anteriores.

Pero, por otro lado, existen en el panorama realidades que bien podrían provocar una caída del gobierno antes de los cuatro años que oficialmente duran las cadencias en Israel. Uno de ellos es la inconformidad social que se manifestó el verano pasado, cuando cientos de miles de israelíes de las clases medias salieron a las calles a protestar por el crecimiento de la brecha social y económica debido a las políticas estatales, promotoras de una distribución cada vez más desigual del ingreso y las reducciones considerables en las prestaciones que fueron comunes en la sociedad israelí en el pasado. Otro es el agudo debate en puerta en torno a la legislación necesaria para abordar la falta de incorporación de los crecientes sectores ultraortodoxos en el servicio militar, en la productividad laboral y en la responsabilidad fiscal. Dadas estas tensiones, es previsible que la aprobación del presupuesto nacional se convierta en el punto de quiebre que haga caer al gobierno y adelantar elecciones sin que se cumplan los cuatro años que oficialmente deben durar las cadencias gubernamentales.

Y por supuesto ronda también en el ambiente, a pesar del discurso triunfalista de Netanyahu, la incertidumbre acerca de los efectos que la Primavera Árabe tendrá sobre la realidad geopolítica de la región, incluida la cuestión palestina.

Ello, más las consecuencias de la escalada de amenazas provenientes de Irán con su proyecto nuclear, constituyen un trasfondo capaz de alterar los planes del actual primer ministro israelí, de ser reelecto. Por último, hay que tomar en cuenta que la identidad de quien ocupe la Casa Blanca a partir de noviembre próximo será importante al respecto, ya que la reelección de Obama preludia mayores presiones a Netanyahu para limitar las posturas de ultraderecha de su gobierno.
 

 

 Comparta este articulo con sus contactos:

 Tweet    Compartir en FB

Ir a página principal