¿Una AMIA para Chile?

por Jakob Ventura S.
Sociólogo (Ph. D.)
Univ. de Chile

Tuve la oportunidad de leer los apuntes registrados por mi señora sobre la conferencia “Anajnu y los judíos invisibles”. Me encontraba fuera del país a la fecha y ella tuvo la precaución de hacer un registro escrito que he podido analizar de modo extensivo.

Evidentemente no pude participar en el valioso debate de ideas que se produjo en el evento, pero me permito expresar mis opiniones a través de estas líneas.

La existencia de los judíos invisibles es un hecho real que desde que tengo conciencia crítica frente al quehacer institucional judío ha existido. Probablemente nadie había asignado al fenómeno un término tan dramáticamente comunicacional y efectivo como el de “invisibles”. No quedan dudas que esa “invisibilidad” se refiere a la postura del observador. Tal como señala Mijael Vera, la subjetividad del observador se contamina con la objetividad del hecho, de una manera curiosa, logrando que el enorme contingente de  judíos no institucionalizados sea “invisible” para el establishment institucional pero no para la ciudad.

Es esta genial síntesis, nunca antes descrita ni analizada con ese rigor científico, lo que genera un nuevo proceso, adicional a la denuncia: la movilidad y el protagonismo. Quiero agregar que por no participar en ninguna comunidad, me cuento entre esa enorme cantidad de judíos invisibles.

Rememorando tiempos en que la participación de la población judía era masiva y abrumadoramente mayoritaria en la vida institucional, en algún momento comienza a producirse una ruptura de la  imaginaria comunitaria respecto a lo que es verdaderamente la colectividad humana judía.

Cierta desconexión de la realidad, desconocimiento voluntario, perspectiva de clase, probablemente todo junto hizo que las comunidades optaran por estar desconectados de la realidad optando por un hermetismo signado por el lujo y el prestigio, lo que produjo un modelo de instituciones definido por la relevancia del poder económico y una monarquización en la rotativa del poder de decisión.

Sin embargo, bastó que surgiera un medio independiente como Anajnu para que la “invisibilidad” asomara nuevamente a la historia con una energía sólo comparable a lo que acontece en la revuelta de los países árabes, guardando las debidas proporciones, naturalmente.

No obstante, ya existían condiciones en la población judía de Chile, y en especial de la capital, para que el asomo de una realidad innegable demostrara que la identidad de los judíos invisibles se encuentra intacta, mientras la militancia en las instituciones es decreciente.

En estos decenios se ha producido cambios políticos y económicos significativos que han modificado las viejas  estructuras sociales. Nuevos sectores emergentes, capas medias más instruidas, profesionales y cientos, sino miles de jóvenes, son la base social de lo que es “invisible” a la mirada institucional.

Esta visibilidad que asoma es también hija de la globalización de las comunicaciones que crea las redes.  Todo ello permite a la población traspasar el férreo control interno establecido sobre los aparatos comunicacionales e instalar visiones distintas, pensamiento crítico.  Ello ha contribuido a crear una nueva ciudadanía judía, una conciencia colectiva ya extendida y potente, y una elite emergente de carácter discursivo, por el momento.

Sin embargo, los movimientos no son esencialmente religiosos, sino sociales, autónomos, no dirigidos por alguna corriente en particular.  Aún cuando la ortodoxia parece estar generando redes y líneas de trabajo paralelas al limitado alcance humano y geográfico de las instituciones liberales, las movilizaciones no nacen de ella.  Es un proceso que parece estar impregnado en otros valores.  Y uno de ellos es el desprecio por toda forma de ejercicio del poder en las instituciones clásicas. Otro, que parece ser el más significativo, es la creación de formas novedosas de identidad colectiva y asociación.

Por eso tiene razón la presentación-conferencia de Anajnu cuando enfatiza en que el problema de la “invisibilidad” no es solamente de una dimensión geográfica, sino que principalmente de naturaleza ética. A lo que me permito agregar un ejemplo dramático: resulta incomprensible que el movimiento masorti-conservador le entregue en bandeja de plata la comuna de Providencia a la ortodoxia. Incomprensible por la enorme cantidad de judíos “invisibles” del sector, entre los que me cuento, e incomprensible por el error histórico de abandonar un espacio de potencial adhesión que se mantiene casi enteramente virgen debido a la  incapacidad de haber producido conexión y militancia coherente en el sector indicado y en las comunas aledañas carentes de instituciones de referencia.

En resumen, el problema radica en que las grandes instituciones han privilegiado políticas de elite en desmedro de un trabajo de desarrollo territorial. Por eso, cualquier intervención requiere una potente autocrítica y una revisión en profundidad de la historia de los últimos 50 años de  institucionalidad comunitaria.

Nuevas formas de vida comunitaria se han  generado en los años recientes al margen de las grandes instituciones, señala la conferencia de Anajnu. En mi opinión, es razonable pensar que estas formas adquirirán suficiente madurez en lo sucesivo como para pensar en una futura forma de presencia de gran visibilidad, validada por una adhesión masiva, tanto  frente al Estado, como frente al desarrollo de la actual realidad institucional.

El ejemplo de la AMIA en Argentina es significativo, pues allí las autoridades representativas ante el Estado son electas en participación masiva de las personas judías, institucionalizadas o no. Una AMIA que vela por el patrimonio arquitectónico evitando su desaparición, que genera condiciones para que no desaparezcan los referentes comunitarios, y que se preocupa por dar acceso igualitario a la educación judía es lo que hace falta en Chile.

Sólo advertir que se trabaja contra el tiempo. Una AMIA a la chilena, y que es lo que se comienza a exigir, es posible que la lleguemos a conocer muy pronto, aunque plagada de sombreros negros...


 

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