¿Una sola comunidad?

por Nurit Mendelsberg

Si bien es cierto que nos gusta pensar que somos una sola comunidad, en algún lugar todos sabemos que eso no es cierto. Nos gusta pensarlo y lo decimos, siempre de dientes para afuera. Nos aceptamos hipócritamente casi como una sociedad en la que nos apoyamos y nos vemos a la cara, nos vemos con los mismos ojos y nos tendemos la mano, pero no le decimos a nadie que esa mirada va acompañada de un pensamiento déspota y que tendemos la mano preparándonos para meter el pie.

Vamos a pensar por un momento que si, realmente somos todos nosotros una sola comunidad.

Viviríamos entonces con instituciones intercomunitarias que ofrecerían diferentes cosas, deporte, cultura, educación especial, religión, salud, tzedaká. En lugar de eso tenemos una lista casi incontable de instituciones con diferentes nombres en diferentes idiomas que realmente son todas iguales, compitiendo entre si para tener el mayor número de socios y donadores.

Tendríamos además grupos de asistencia social que harían exactamente eso, asistencia social, sin embargo tenemos listas de gente a la que nadie apoya si no hay una retribución o un trabajo de vuelta y donde además la prioridad es cómo te apellidas, no qué tipo de ayuda necesitas.

Habría un número reducido de escuelas de alta calidad educativa, con enfoques diferentes para las necesidades y preferencias de las familias, unas sionistas, otras religiosas, otras tecnológicas, y sin embargo estamos cerrando unas y reduciendo otras, robándonos y prestándonos alumnos preocupándonos por quién es el que va a poder pagar la colegiatura completa, en terminar de matar lenguas muertas y en querer aprender inglés en un colegio hebreo.

Tendríamos procesos de conversión honestos que permitirían no solo abrirles más puertas a los nuevos miembros de nuestra comunidad, sino además verlos como tal en lugar de echarles miradas despectivas y prohibirles a nuestros hijos que se junten con ellos.

Estaríamos seguros de dejar a nuestros jóvenes llegar a las universidades sin miedo a que se nos "vayan de las manos" porque habrán vivido en un entorno si comunitario, pero abierto y honesto, realista ante una realidad globalizada pero con raíces fuertes que no soltarán a sus niños.

Y por último, seríamos una comunidad que se apoya y se da la mano, que se cuestiona antes de castigarse, que ofrece soluciones en lugar de quejas y que se une también en los momentos de alegría, pero llevamos ya demasiado tiempo apoyando a quien nos conviene y acusando al que nos molesta, poniendo una cara sonriente en las fotos y pateándonos por debajo de la mesa, discutiendo políticas irreales y sobre todo, educando a los que vienen a hacer las cosas de la misma forma que nosotros.

Pues a partir de este momento me tomo la libertad de hablar no solo por mí, sino por al menos la mitad de la juventud judeo-mexicana y tratar de hacer un poco de ruido en la cabeza de nuestros papás, abuelos, líderes comunitarios y compañeros. ¿No les gustaría poder ser realmente una sola comunidad? Porque de poder, se puede, es en el querer donde estamos estancados. Todos queremos, claro, de dientes para afuera, no opinamos lo mismo cuando tenemos que aceptar niños de matrimonios mixtos en nuestras escuelas, ni cuando tenemos que apoyar a las tnuot mandando a nuestros hijos a educarse los sábados en lugar de llevarlos a Cuernavaca o al centro comercial. No opinamos igual viendo como nuestro sobrino shami se casa con una niña idish, y no hablemos de jóvenes dispuestos a convertirse al judaísmo que quedan totalmente fuera del panorama.

¿Quieren que seamos una sola comunidad? Yo no digo que hay que cerrar los centros comunitarios, revolver las escuelas, tirar los templos y empezar de cero pero si hay varias cosas por las que podríamos empezar, como abrir los ojos a una realidad clara que es que a los jóvenes de hoy NO NOS IMPORTAN las pequeñas diferencias, porque finalmente estamos empezando a entender que esas diferencias si nos enriquecen y no tienen por qué separarnos, que decir Shabes y Shabat es lo mismo, que comer kipe un día y borrecas al otro lo único que hace es enseñarnos que hay algo mas aparte del kugl y que de todas maneras hay pocas cosas que superan unas enchiladas.

Todos somos jóvenes judeo-mexicanos, los que nos sentamos revueltos hombres y mujeres en el templo, los que respetamos shabat, los que comemos kosher, los que no ayunamos en yom kipur, los que nos queremos ir de aliá, los que bailamos rikudim, los que estudiamos hebreo en la escuela, los que decimos a gut yor, los que salimos a bailar los viernes, los que somos voluntarios en locatel el 24 de diciembre, los que queremos mejor educación para nuestros hijos, los que nos vamos de ajshará, los que trabajamos en el centro joyero, los que vamos a la escuela los domingos, los que somos socios del depor, los que no vivimos en interlomas, los que estamos en proceso de conversión, los que estamos planeando el brit milá de nuestro hijo; no importa si nos ponemos tefilim o no, importa que somos parte de lo mismo y que hasta hoy no hemos sabido comportarnos como tal.

Podemos, por qué no, empezar por lo básico, ¿por qué las políticas de los Colegios de la Red no son todas iguales? Y no estoy hablando de sus filosofías, porque a esas si les encuentro sentido en sus diferencias, pero incluyendo a las yeshivot, todas las escuelas deberían tener las mismas políticas, tanto de admisión como de conducta. ¿Qué quiere decir que en una escuela aceptan a un niño por tener tales papás (o abuelos) y en la otra no? Ah claro, es que seguimos pensando que unos somos mas judíos que otros y no podemos dejar que se ensucie la burbuja de nuestros niños. Entiendan de una vez que esas no son las cosas que ensucian su burbuja, esa burbuja famosa está mas sucia por dentro que por fuera, así que déjenla en paz por un rato.

Y llegamos al punto número dos: Los amigos de tus hijos, o mejor dicho, los papás de los amigos de tus hijos. Seamos realistas, a todos nos gustaría que nuestros hijos se lleven con los hijos de nuestros amigos, también seamos realistas, nuestros amigos nunca meterían a sus hijos a la misma escuela que nosotros escogimos, y entonces ¿qué hacemos? Pues muy fácil, los escogemos por ellos (si, todos los escogemos por ellos, no se lo tomen personal), decidimos con qué niños de su salón se pueden llevar, a dónde lo vamos a llevar a tomar futbol y con quién vamos a hacer carpool en las tardes. La difícil decisión entre tomar clases de natación en la Nelson Vargas de interlomas, en el depor o en la alberca de la casa CON SUS PRIMOS, claro, esa es la solución; cuando no hay primos cerca pues sí, acabamos todos en el deportivo, pero ni se crean que se pueden hacer amigos, yo no sé con qué tipo de gente se vayan a mezclar ahí (¿pero que no estábamos hablando del Depor?).

Lo cual cronológicamente nos lleva al primer momento de la verdad, los novios de mi hija (que ojalá se pudiera casar con su primo y no habría problema, pero no –y viene un pequeño "guácala" a la mente-). El niño de la escuela con el que salió hace dos semanas no tiene nada que ofrecerle, el quiere ser músico y sus papás viven en la Roma, que lo olvide de una vez. El que la invitó a salir ayer va en fiestas a otro templo, de esos donde se sientan todos revueltos, y qué, ¿ahí van a ir mis nietos? ¡No! Y luego no van a poder entrar a la escuela donde yo estudié. Pero el viernes saliendo del rezo me dijeron que hay un muchacho muy bueno para ella, de buena familia, el tiene ya un negocio, rezamos juntos en fiestas, sí, ese es el mejor; y arreglamos la primera cita mientras se nos ocurre cómo vamos a regatear el salón y la orquesta dentro de 2 o 3 años al mismo tiempo que se nos olvida que la fiesta de 15 de nuestra hija fue a penas hace 2 meses.

Si, ya mencioné escuelas, bodas, tradiciones y no me quiero explayar con fiestas, ayunos y kashrut porque no llegaríamos a nada, es sólo que creo que es momento de que los adultos empiecen a ver las cosas como los jóvenes, antes de que a los jóvenes se les contagie la visión adulta. No nos importan las diferencias entre Halevis y Shamis, no nos importa si van en la Sefa o en la Idishe, no nos importa si saben hebreo o no. Si a nosotros nos queda claro que todos somos iguales y que no somos unos mas judíos que otros, ¿por qué insisten en meternos su opinión con calzador?

publicado en Diariojudio.mx

 

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