El valor de la vida y los sentimientos humanos

por Eduardo Hadjes Navarro

Hay veces que simplemente, no logro comprender a mis semejantes. Nuestras mentes son tan caprichosas, que resulta frecuente que actuemos fuera de toda lógica. Para entenderme a mi mismo, me doy a la tarea de pensar, conectando mi mente con mis dedos y, el fruto de esto, aun me es desconocido.

El valor de una vida y los sentimientos humanos, van tan dispares, que hacen que me revele, contra todos y contra nadie, ya que comprendo que no tengo la facultad ni de entender ni de influir mayormente en mis congéneres.

Éste largo fin de semana recién pasado, Chile se vio conmovido por 5 muertes y una desaparición que, aparentemente, no dejó a nadie indiferente.

Son tres acontecimientos separados, pero que nos llevarán a un mismo final, el despertar a toda una nación, al punto de que sean muy pocos los que permanezcan indiferentes. Las noticias se centraron reiterativamente en los tres y, el resultado fue en los dos primeros, trágicos y en el último, incierto hasta el momento de escribir el presente comentario. Antes de ser despachado a ANAJNU, se dio la noticia que el niño fue encontrado muerto en una de las tantas quebradas de la zona. Lamentable.

No daré nombres, tanto por ser ampliamente conocidos, como porque lo que me interesa en éste momento, son los hechos, los cuales, en el fondo, son anónimos ya que no dependieron de los personajes involucrados, pero si en el acontecer  y sus reacciones.

Una joven estudiante de 19 años, muere atropellada. Hecho lamentablemente recurrente, ante la irresponsabilidad de hombres y mujeres que, estando frente al volante, se transforman en seres irracionales, que sólo se valorizan a si mismos.

En esta oportunidad, hay una circunstancia que lo hace diferente. La víctima era donante de órganos. En una Clínica de Santiago, tenemos una prioridad nacional que nos tiene a todos ante la paradoja de estar esperando que alguien muera, para poder salvarla y aquí se inician las contradicciones. ¿Es legítimo desear que algún “donante” fallezca, para que una niña de 17 años, que nos ha conmovido profundamente, al aparecer con su límpida y brillante sonrisa, en forma permanente, en las pantallas de nuestros televisores, pueda seguir viviendo?

Una gran noticia llena a varios millones de chilenos de esperanzadora espera. El corazón y los pulmones de la víctima, son compatibles. Se anuncia una larga intervención médica y nos vamos a dormir esperanzados que al día siguiente, las noticias que escuchemos, sean favorables.

Los informes médicos, son desalentadores y, finalmente, el desenlace nos llena de una gran congoja y una sensación de pérdida, como que todos fuéramos parte involucrada. Dos jóvenes vidas, desconocidas entre ellas, nos tuvieron pendientes de lo que ya sabemos, significó el duelo no sólo de las dos familias involucradas. También nos dejó ese doble sabor especial que reconforta, cuando vemos la solidaridad ante la desgracia ajena, sin borrar el dolor del cual nos hemos hecho parte, ante la pérdida irremediable

Dato curioso. No escuché ninguna noticia referente al autor del atropello que truncó la vida de una jovencita que, por lo que se anunció, era brillante.

La otra noticia trágica, fue el asesinato absolutamente carente de sentido, de una madre a manos de un anticuario, el cual, con una frialdad inaudita, mata a esta profesora, delante de sus dos hijos, dejando en ambos, no me caber duda, una huella y un trauma, imposible de borrar de por vida.  

Finalmente, este asesino es abatido por un carabinero y, con posterioridad, se encuentra una nueva víctima, enterrada en el patio de su casa, correspondiente a un vecino desaparecido hacía cinco días.

Estupor y dolor inundan nuestros espíritus con estos dos trágicos acontecimientos, completando la angustia nacional, la noticia de la desaparición de un niño de tan sólo cuatro años, el cual, ante un descuido familiar, se pierde en medio de acantilados y quebradas que hacen temer un triste desenlace. Aumenta la pena y la incertidumbre, al saber que el infante padece de autismo y le es imposible hablar.

Sin lugar a dudas, resulta un  trágico fin de semana, en que, si queremos sacar algo positivo, es la capacidad que aun tenemos los chilenos, de conmovernos y hacer nuestras, las tragedias de nuestros compatriotas.

¿Habrá algún connacional que no vibró y se estremeció ante cada noticia que se daba sobre la hermosa muchachita que esperaba los órganos que le permitirían continuar su incipiente vida junto a sus padres, hermanos y compañeras de colegio?

¿Hubo alguien a quien no se le crisparon los pelos al escuchar el macabro acontecer en Lolol?

¿Será posible encontrar a algún compatriota que no esté profundamente conmovido al saber el resultado fatal del niño extraviado?

Chile no es el único país que se conmueve por el destino de sus compatriotas. Israel, se vio estremecido por otro trágico e inexplicable acontecimiento. En medio de una protesta de desconformes con la marcha de la economía y los problemas nacionales, Moshé Silman, hasta ayer un israelí desconocido, pasa a ocupar las primeras planas de la prensa israelí y mundial.

Como manera de demostrar su malestar y desesperación económica, opta por quemarse en medio de la muchedumbre que reclama en contra del gobierno. No es Silman el que clama por recibir la atención gubernamental. Es una masa activa de israelíes que está viendo como su vida se va deteriorando y sus esfuerzos caen en el vacío.

Dentro del panorama económico mundial, en que pocas naciones se escapan a la crisis largamente disfrazada, especialmente de las principales economías europeas, Israel no puede ser una excepción y, producto de esta natural frustración, la desesperación lleva a asumir actitudes como la de Moshé Silman, la que traspasa rápidamente su cuerpo quemado en más de un 90%, para transformarse en un problema nacional.

Llega a tal punto la preocupación de una actitud como ésta, que el propio Netanyahu ha declarado en un consejo de ministros que se trata de una “gran tragedia personal” y ha ordenado a los ministros de Bienestar Social y de Vivienda y Construcción, para que estudien urgente y exhaustivamente que fue lo que llevó a Silman al estado actual, como para asumir tan drástica protesta y se busque su solución.

A juzgar por las noticias recibidas, las manifestaciones, marchas y reclamos, han adquirido un carácter nacional. Rápidamente, dejó de ser la protesta de un individuo, para transformarse en un clamor que requiere atención inmediata.

Hemos visto hasta aquí, la solidaridad y preocupación de dos países por sus compatriotas, al punto de tomar como propios, el dolor ajeno.

¿Qué necesitará el mundo para valorar en su justa dimensión, la tragedia que está sufriendo el pueblo sirio? ¿Habrá una cifra de muertos que se deba superar para que Rusia y China permitan actuar a las NU y detener una matanza tan cruel, a manos de un gobierno ambicioso e insensible, hasta límites que se creían ya superados? ¿Habrá una manera de traspasar la solidaridad de los chilenos e israelíes, demostrado en este comentario, a los ciudadanos del mundo?


 

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