Las voces del silencio


por Atheret Bat Abraham


Esta semana he cumplido tres años desde que pertenezco al Pueblo Judío, luego de mi conversión tras largos años de estudio. ¿Motivo para celebrar? Sin duda así es. Y por fin me doy cuenta que aquello que podría ser “casualidad”, no lo es. Quiero contarles esto, porque durante mi tercer aniversario en el Pueblo Judío nos correspondió estudiar la parashá Vaierá, porción de la Torá en que:

• Sara se autocensura, aunque en uno de los diálogos de D-os con Abraham, Él le dice que escuche a su mujer.

• En que Agar ruega a D-os en el desierto, pero el enviado le dice que D-os ha escuchado los ruegos de su hijo.

• Este Abraham que puede negociar con Adonay para que no destruya a los inocentes de Sodom (Lot y familia), pero no es capaz de negociar con D-os cuando le pide que ofrezca a su hijo Isaac en sacrificio (dándole una lectura literal no metafórica y tampoco profundizando en el contenido oculto)

• La mujer de Lot, junto a sus hijas cuyo padre las ofrece a estos vecinos que iban tras las visitas que éste tenía en su hogar.

En ese contexto literario fui encontrando las voces del silencio de las mujeres del relato: Sara, Agar, la mujer de Lot y sus hijas mujeres que tampoco levantan sus voces para expresar algo respecto de la oferta que este hombre de familia hace a sus vecinos.

En este mismo Portal, la semana pasada estaba el testimonio de una mujer que rechazó ser la primera mujer en realizar su bat mitzva de su comunidad, en sus palabras, porque tenía una visión absolutista de la Halaja. Reconoció que ella había silenciado su propia voz.

Motivada por estos relatos me detuve a reflexionar en todas las mujeres de nuestras comunidades que se han silenciado a sí mismas; mujeres destacadas y profesionales, otras que han sido instructoras de muchas de nosotras y nosotros, inteligentísimas, pensantes, estudiosas y analíticas, pero que no se han emancipado a esta cultura del silencio femenino que se practica en la mayoría de nuestras comunidades. Pienso que se trata de comunidades influenciadas por siglos de la represión inquisidora y de las prácticas rituales de otras creencias, donde la mujer es el símbolo del pecado, la tentación a la maldad. Comunidades que no les han permitido expresarse por el temor al poder que maneja el femenino. Comunidades que han silenciado a las mujeres en la participación ritualística.

El Judaísmo no es impermeable a las prácticas dogmáticas y creo que la represión a la mujer se pudo haber entendido durante la Edad Media como una necesidad de sobrevivencia de nuestro pueblo, por nuestro amor por la Torá y la práctica de nuestros ritos y nuestras tradiciones, en un marco en donde lo femenino era considerado satánico por cristianos y musulmanes que representaban las culturas dominantes… pero que siga vigente en el siglo XXI ¿No será demasiado? ¿Qué pensaría una mujer sabia como nuestra Bruria, destacada pensadora que usaba talit y se ponía tefilim en la época talmúdica?, por cierto, recordemos que fue víctima de lashón hará, sólo con el objeto de sacarla de las discusiones del Talmud y convertirla en un objeto invisible.

La vivencia de mi tercer aniversario me dejó la felicidad de compartir con todos mis queridos amigos y amigas judíos en la Comunidad Ruaj Ami. Pero no tan sólo me dejó la felicidad de su compañía, sino que lo más importante fue poder compartir la primera vez que en sus vidas amigas mías fueron llamadas a hacer Aliá a la Torá o la primera vez que fueron llamadas a abrir el Aron Hakodesh. Rompían así, décadas viviendo en el pueblo judío, pero sin acceso a esa emoción trascendental en sus vidas. Y lo tuvieron este Shajarit de Shabat en una de las Comunidades más armónica, abierta, pluralista, democrática y de respeto por la diversidad que he conocido desde que comencé a caminar junto a este Am Kadosh.

Fue allí donde mis amigas tuvieron esta vivencia por primera vez en sus vidas, porque como son mujeres inteligentes y sabias, entienden que la práctica en Ruaj Ami es la participación igualitaria, pero igualitaria sin temor y sin ese odioso prejuicio dogmático que puede llevar a otras mujeres a rechazar la participación femenina del rito, y no se sientan capaces de rebelarse a ese silencio impuesto.

No, mis amigas son estudiosas de la Torá entienden aquello de “al pueblo que fueren haz lo que vieres…”, pero no sólo porque sea la costumbre de la Comunidad para no ofender a los anfitriones, sino que se permitieron a sí mismas vivirlo, porque querían hacerlo, estaban maduras para ello y tienen conciencia de su esencia y fue un acto con contenido…

Me pregunto ¿Por qué hemos silenciado y dejado silenciar, no tan sólo el género femenino, sino que también el femenino que los hombres llevan dentro? Esto no es sólo un tema de género, sino que de actitud y conducta.

¿Por qué algunos silencian una parte tan importante de su esencia? Hemos estudiado, pero no entendido que nuestra Torá nos enseña que la Creación fue hecha desde la dualidad, desde la diversidad y desde los opuestos: el día y la noche, el sol y la luna, la tierra y los mares, el árbol del conocimiento con el bien y el mal y el árbol de la vida, y que sin estos opuestos no existiría mundo, se complementan y han servido para la evolución de la especie.

¿No es la unificación en la diversidad lo que buscamos como Pueblo? Somos monoteístas no monolíticos.

Tal vez mi visión es fruto de haber sido criada fuera de una educación formal judía, pero independiente. Y esa educación es la que me permite dar constantemente un paso atrás para alejarme y observar desde afuera los procesos en los que estoy involucrada.

He cumplido tres años desde mi conversión al Judaísmo. En el alfabeto hebreo el número tres representa la letra Guimel, el camello: el movimiento, la estabilidad, el balance, el equilibrio. Y este equilibrio se permitieron el Shabat pasado estas destacadas mujeres en mi tercer aniversario.

Gracias por esta vivencia

 

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